¡¡¡Alegría Marineros!!!
Estamos a 16 de abril de 2026.
Hoy navegamos rápido y seguros, a toda vela. Llevamos varias horas haciendo una media de 9,5 nudos. Necesitamos correr para que no se nos eche encima el tiempo.
Creo que vamos a tener varios días así.
Estamos a 1.840 millas del Estrecho de Magallanes.
Os voy a contar lo que pasó con El Doblón y su incautación.
Voy a empezar por el principio.
Corría el año 2020. La pandemia cambió la vida de muchos de nosotros. En mi caso, me vi bloqueado en Chile. Decidí refugiarme en mi querida Valdivia y me adoptó Pato, de Náutica Kunstmann, junto con unos cuantos amigos y seguidores que fueron surgiendo.
Llegué a Valdivia después de pasar los canales fueguinos y llegar hasta Quintero, donde estuve varios meses esperando a que mi tripulación pudiese volver a España, Italia y Argentina.
El mundo se bloqueó, y mis planes también.
Mis negocios en España quedaron cerrados, mis obligaciones seguían activas y, técnicamente, estaba arruinado.
El sueño de dejarlo todo e ir a navegar por el mundo se transformó en buscar una manera de subsistir y poder hacer frente a mis obligaciones.
Tuve la gran suerte de vender El Doblón (la discoteca) en Madrid. Tuve suerte porque ese local pagaba un alquiler mensual muy elevado y la deuda podría arruinarme.
Decidí prepararme para tener otra fuente de ingresos, ya que la hostelería no era una opción, y tomé la decisión de buscar lo más a mano que tenía.
Hacía poco que venía de la Antártida, así que mi amigo Nicolás Cob me ayudó a encontrar un barco. Lo encontró y, en medio de la pandemia, me acompañó a Seattle a comprarlo y traerlo.
Sin su ayuda, para mí hubiese sido imposible.
Siempre estaré en deuda contigo, Nicolás. Gracias.
Trabajamos 86 días sin descanso. Vinieron dos amigos más de Chile y una amiga de Argentina, Coralia.
Zarpamos de Seattle, navegamos hasta México. Allí embarcamos a muchos amigos, hasta 12.
Cruzamos el Pacífico, pasamos por la Polinesia, por Isla de Pascua y llegamos a Valdivia.
Ahí se forjó una gran amistad con un grupo de voluntarios que me ayudaron incansablemente a preparar El Doblón para hacer expediciones antárticas.
Todavía estábamos en pandemia. Chile tenía toque de queda y era todo muy restrictivo, pero pudimos prepararlo, crear un grupo maravilloso y navegamos por los fiordos y canales hasta Ushuaia y Puerto Williams.
El primer año fui a la península Antártica en 3 ocasiones.
Y a la vuelta empecé a intentar consolidar esta actividad en una empresa.
Lo cual no pude conseguir del todo por varias razones.
La principal fue por mía, por dejar la gestión de prácticamente todo a otros.
La pandemia cesó, mis negocios en España volvieron a la vida y yo quise seguir navegando en mi Copérnico, pero al final ni una cosa ni la otra.
Aun así, creé una empresa en Chile:
Expediciones Alegría Marineros SpA.
Me concedieron una licencia de transporte vía marítima de pasajeros.
Siempre indiqué a las autoridades mi intención comercial. De hecho, les hice varias consultas, alguna por escrito, pues mi intención era —ya no tengo ganas— de legalizar mi actividad.
Pagaba impuestos en Chile de los ingresos de la empresa (y sigo pagando).
El tema es que nadie —o yo no fui capaz— me explicó cómo hacerlo.
Se trata de una empresa chilena que contrata un velero extranjero para hacer expediciones.
Resulta que en Chile no es posible: el barco debe ser de bandera chilena.
Aun así, la ley de cabotaje chilena dice que hay una excepción: en caso de no disponer de barco chileno, puede contratarse uno de otra bandera.
Cabe decir que, al ser un mercado tan pequeño y yo ser pionero en este tema, me llevé todas las tortas…
Les envié un correo a las autoridades diciéndoles mis intenciones y esta posibilidad contemplada en la ley de cabotaje. Nunca me respondieron.
Y como uno tiene miedo…
Aun pagando impuestos en Chile, teniendo licencia, dándome de alta en Sernatur, sacándome la residencia chilena… cuando entraba con el barco en Chile no me atrevía a decir que trabajaría dentro de su territorio, por si no me dejaban entrar y no podía cumplir con los compromisos adquiridos con los clientes.
Entonces Aduanas —que fue la administración con la que menos me comuniqué— consideró que el barco entró como turista.
Yo pensaba que con la licencia, la PDI y los marinos, todos sabían de mis actividades e intenciones, y que se podría terminar legalizando.
Pero para Aduanas (y tienen razón), el barco entró como turista y no puede ejercer ninguna actividad comercial.
Por lo tanto, me incautaron el barco.
Yo contraté un abogado. Intenté pedir y explicar que era una empresa chilena, que me dejasen continuar hasta Valdivia (su puerto base) y ahí seguir con el procedimiento.
Se negaron en redondo.
Aplicaron una sanción imposible de pagar.
No pude seguir pagando sueldos a capitán, marineros y ayudantes. Se marcharon del barco.
Llegó una tormenta.
El barco terminó varado en la playa.
Un mes después se consiguió un interesado en comprarlo (por cuatro duros). De los cuales me ha pagado solo dos… y ya veremos si paga.
Y el sueño de hacer expediciones por el mundo en la goleta El Doblón se terminó.
Deciros que mi intención, como la de todo el mundo, es pagar pocos impuestos… pero hay que pagarlos.
Nunca me escondí.
Intenté legalizarlo y me quedé a un par de pasos.
No tiene sentido cambiar la bandera del barco para poder trabajar. ¿Qué pasa cuando hago expediciones en Argentina o en Ecuador? ¿Tengo que ir cambiando banderas continuamente?
¿A los cruceros que visitan las costas chilenas también les obligan a cambiar de bandera?
Las normas son para cumplirlas.
Y yo, por no cumplirlas correctamente, perdí el barco, el tiempo y mucho dinero, además de un esfuerzo tremendo.
Aun así, me gustaría dar un toque a la administración —no solo de Chile—.
Esto pasa en muchísimos países: cuando alguien quiere crecer, avanzar y pide ayuda, creo que deberían escuchar y buscar la manera de construir, no de destruir.
Nunca pasó nada por no hacer nada.
Espero haberme explicado bien y dejar claro que la culpa no es más que mía.
Menos mal que no hubo un accidente ecológico.


3 respuestas
Genial…me gustaria viajar o..navegar con vosotros! Eduardo Crifo desde Argentina
Como lo siento Pedro, porque te he seguido desde que empezaste, recuerdo la compra de la goleta, los trabajos de adaptarla a los que querías y no puedo imaginar el 💰, que te debes haber dejado en ello, para que en una falta de información se haya malogrado todo. No puedo entender que no te dejaran llegar al puerto base e inmovilizarla allí y ya lo arreglaré como aquel que dice ……, probablemente diste con unos tuercebotas de asesores .., un abrazo y ADELANTE !
Gracias por contarlo, hace unas semanas salió un artículo y me preguntaron si sabía que había pasado..
Conociéndote, sé que harías lo posible por hacerlo bien..
Bss
Mónica