Recibí un correo que lo cambiaría todo, remitente: Vuelta Vertical. Me dío un vuelco el corazón al verlo. Siguiente escena: Yo al timón del Alegría Marineros, con olas de 5-6 metros, rachas de viento de 38 nudos, a una velocidad de hasta 16 nudos surfeando las olas. Otro vuelco al corazón.
¿Pues qué decía ese correo?
Era la oportunidad que tocaba a mi puerta por segunda vez, formar parte de la tripulación de la vuelta vertical al mundo en su etapa de la circunnavegación antártica, nada menos. La primera vez que surgió la oportunidad, no tenía ni los medios ni el tiempo necesarios para embarcar por tres meses, podría decir que ésta segunda vez tampoco precisamente, pero era más afrontable. Así que decidí “echarme el trompo a la uña” como decimos en México, es decir, hacer algo muy difícil, pero espectacular. Hice todo lo que tenía que hacer. La aventura me llamaba.
Es increíble de lo que eres capaz cuando no te lo piensas demasiado y sólo lo haces. Incluso más que si planeas todo escrupulosamente por mucho tiempo. Es más importante tener la capacidad de resolver, que tener todo resuelto. Siempre.
Con esa mentalidad, en una semana logré: dejar todos los asuntos de mi trabajo en las manos correspondientes (tengo una agencia de expediciones de alta montaña en México), conseguir un préstamo para la aportación necesaria, grabar cuarenta videos para mi trabajo (lo crean o no, fue lo más difícil), preparar todo el equipo necesario que comprendía toda mi ropa de montaña (no tengo nada especial de navegación), tramitar la ETA (visado) para entrar a África, viajar de México a Sudáfrica y finalmente, llegar a la marina de Cape Town y encontrar el barco. Todo fué pura acción, sin pensar en nada más.
¡Qué semana! Algo así como una feria de las emociones, de arriba a abajo el ánimo todos los días, problema-solución una y otra vez. No me dió tiempo ni de despedirme de nadie, todo mundo se enteró cuando ya estaba llegando a África. En honor de decir la verdad, a nadie que me conozca le sorprende en absoluto, a mi ya no me preguntan “¿cómo estás?”, ya me preguntan “¿Y ahora dónde andas?”. ¡Me encanta la fama aventurera que tengo ahora!
¿Cómo supe que ésta aventura era para mi?, muy fácil, en la videollamada que tuve con Paula (capitana de la expedición) antes del viaje, ella, como bien tenía que hacer, me explicó todo lo que necesitaba saber, me proveyó de material de estudio para hacerme una mejor idea, recomendaciones de ropa y equipo, y lo más importante, las advertencias necesarias en torno a lo duro que podría llegar a ser la expedición, física y mentalmente, y lo arriesgado que es hacer algo así, ya que bien puedes perder la vida y tienes que estar consciente de eso. Sin drama, así es y punto.
Bueno, al escuchar eso que a muchos podría haberlos disuadido de embarcarse, tuvo en mi el efecto contrario, logró encender más la llama en mi interior. Yo quería estar ahí y experimentar todo eso que leía en mis libros de aventuras. Iba a tener mi experiencia a la Robinson Crusoe, ¡qué felicidad!. “Perfecto” le dije a Paula, “voy para allá”. Y así logré llegar, no sin inconvenientes, pero en tiempo y forma al barco. Comprobando que una mente enfocada, es potentísima, nada se le atora.
Escribo ésto en el día 59 desde que emprendimos la expedición y dejamos tierra, ahora estamos a poco más de mil millas náuticas de ver tierra otra vez y llegar a Chile, el destino final de ésta etapa. Una travesía de 12 mil millas náuticas, que ahora tengo en mi haber, es como cruzar el continente americano ida y vuelta desde Alaska hasta Tierra de fuego ¡qué locura!. En medio de eso, puro mar y mar puro. Y puedo afirmar que el mar, lejos de ser monótono como muchos piensan “la navegación oceánica es aburrida, no ves nada” dicen, es totalmente diferente cada día y basta con estar al timón para comprobarlo.
Lo mismo puedo decir de afuera como de adentro, cada día a bordo es totalmente diferente del anterior y del que viene. Es casi imposible hacerse de un mínimo de rutina (si acaso lavarse los dientes al despertar, fin) todo lo demás, puede o no suceder, a una hora u otra. Para todos los que no son gente si no se toman su café ni bien despiertan por la mañana, les aviso, mejor jueguen pádel.
Y me gusta comentar esto porque desde afuera suelen preguntar “¿y qué hacen todo el día si siempre es lo mismo, no se aburren?” Jajaja ¡qué risa! Es lo opuesto a eso. Al menos en mi caso. Creen ustedes que Sócrates hubiera dicho: “Hay tres tipos de hombres (y ahora también mujeres), los vivos, los muertos y los que salen a navegar” si fuera cualquier cosa, si fuera aburrido. No creo. Al mar se le considera la escuela de la vida. Sin duda es por algo, y vine a descubrirlo. Esta cita de Sócrates la leí en “pequeña filosofía del océano” (filosofía, una de mis materias favoritas) recomendación de Paula. Sólo los no lectores se aburren, porque en los libros como en el mar, hay mucho por descubrir.
Navegar requiere compromiso, voluntad y coraje. El compromiso con la vida libre y todo lo que implica. La voluntad de estar dispuesto a aprender permanentemente (nadie es experto en el mar). Y el coraje de soltar el control que crees tener. Tienes que asumir que todo puede pasar, y eventualmente, pasará. Tienes que asumir la incertidumbre. Por eso se llama aventura.
Les dejo algunos aprendizajes de esta experiencia, quizá ya sepan uno que otro: En los barcos, o resuelves o resuelves. El olor a diésel es el enemigo invisible. Sólo no mojarte te mantiene seco, la ropa impermeable va a fallar. Es verdad, las cosas se rompen en el peor momento y de noche. Siempre que alguien te ve, te salen mal los nudos. Si alguien dice “yo no como tal cosa”, eventualmente te va a pedir un poco. El mar no es traicionero, solo no se va a someter a tus deseos. Necesitas saber hacer pan y galletas. Es más importante la ropa limpia que bañarse seguido. La sinergia de la tripulación, es más importante que cualquier otra cosa. Vas a tener decenas de moretones (conté 37 la última vez). Dos playeras y dos pantalones de trekking, son más que suficientes. Si puedes, ten a alguien en tierra que te eche porras cuando todo se ponga peliagudo y la moral caiga. No importa lo que te digan, ten un guardadito personal de caprichos y galletas (ahora me dicen Capitán Pocket por eso jejeje). Todo, hasta lo más simple, va a costar más trabajo y tres veces el tiempo que calcules. Digan lo que digan, nadie sabe realmente lo que estamos haciendo, lo hacemos y luego vemos si hay que corregir (aplica para todo en la vida). Si no tienes paciencia, resistencia y tolerancia a la frustración, navegar no es para ti. Lleva chicles.
Hay más, muchísimos más. Pero ya me toca la guardia y quizá tengamos que trasluchar, el viento viene de más al norte ahora, ¡y me encanta hacer maniobras! Dejo hasta aquí éste capítulo de mi libro “Yammel Crusoe” jejeje.
P.D. Combinando avión y barco, ¡¡le di la vuelta al mundo!! Nada mal, eh! Ya lo haré todo por mar… no me pierdan de vista.
NOS VEMOS EN LA CUMBRE Y EN ALTA MAR

