Saldanha – 22 de febrero de 2026
Alegría, marineros.
Estamos en Saldanha, un poco más al norte de Ciudad del Cabo.
Hemos resuelto el problema que nos trajo hasta aquí: una pequeña vía de agua. Era controlable —de hecho pudimos sellarla en el momento—, pero decidí volver porque estábamos cerca y era lo sensato.
Aprovechamos también para hacer mejoras:
• Volvimos a engrasar la hélice (habíamos perdido el ánodo).
• Colocamos nuevamente una rejilla en la admisión principal de agua.
• Instalamos un ánodo nuevo en el casco.
• Queda algún detalle pendiente, pero lo esencial está listo.
Lamentablemente yo no pude trabajar nada.
Todo quedó en manos de Paula, con la ayuda de Víctor —que cada día sorprende más por su actitud y capacidad— y el apoyo del resto de la tripulación: Puchi, Miguel, Yammel y Adrià.
Hoy zarpamos de nuevo.
Será el tercer intento.
No he podido dormir apenas.
Estoy preocupado y emocionado al mismo tiempo.
Nos enfrentamos al Índico, totalmente desconocido para mí.
No quiero más problemas.
He pasado gran parte de la noche leyendo y repasando cómo tensionar la jarcia para los vientos y mares que nos esperan. Haremos algunos ajustes por la mañana.
Ya estoy recuperado. Me puse enfermo por imprudente: una gastroenteritis severa. Qué mal se pasa con 40 grados de fiebre.
A ver si de esta aprendo a cuidarme más, a entender que soy fuerte… pero también frágil.
Mientras escribo, escucho las aves.
El mar está en calma.
También algún ronquido.
La meteo será suave los próximos cuatro días.
Después llega la guerra.
Para entonces espero estar completamente fuerte. Ahora estoy mejor, pero he perdido mucha fuerza y resistencia.
Es emocionante esa mezcla de intriga, respeto y atracción por lo desconocido.
No tengo miedo, pero sí un respeto profundo.
Debo estar concentrado.
Estoy cansado de tantos inconvenientes… pero estamos en pleno cumplimiento del sueño.
Alegría, marineros.
¿Quién dijo que iba a ser fácil?

