¡Alegría, Marineros!
¡Llegaron los hielos!
Estamos a 14 o 15 de enero —ya sabéis de qué año y quién es el dueño de todo esto (por mucho que algunos se empeñen últimamente)—, ese tío rubio que te señala cada vez que te desvías un poquito…
La verdad es que es ilusionante volver al hielo.
Tenemos en el radar unos 7 u 8 hielos. No os puedo decir el tamaño exacto porque es noche cerrada, hay niebla y no se ve ni torta. Pero, por mi experiencia, diría que son como edificios de unas cuatro plantas.
Hoy el día fue fantástico.
(Volvió a sonar un suave acorde de guitarra, acariciada por el protector de las cartas).
La navegación fue tranquila y estable. Entangonamos la vela de proa y nos dedicamos a:
- Limpieza general
- Asegurar los armarios del salón
- Fijar el congelador
- Fabricar un separador para las rótulas de los pistones hidráulicos de los pilotos
- Poner de nuevo a trabajar los dos pilotos
El que tiene la bomba grande ya tiene apodo: “El Destructor”.
Pudimos regularlo con la llave del bypass y parece que lo estamos domando. Ahora podremos ajustarlo según las necesidades de viento y mar.
Le he dado un buen apretón a todos los tornillos de ambos pilotos, con todas mis fuerzas… y con las de Víctor también.
He pasado media mañana boca abajo, en posiciones casi imposibles, pero lo he apretado todo con el mayor cuidado e interés.
Ahora solo queda ir revisando, pero juraría que ha quedado prácticamente homologado.
Después tuvimos hora vertical.
Cada vez somos más. Es muy interesante y todos aprendemos mucho.
Llevamos desde Mar del Plata unas 1.500 millas, y el ánimo es bueno… muy bueno, diría yo.
Para mí, especialmente, es un subidón volver a tener los dos pilotos en marcha e ir mejorando todo para lograr una vida a bordo más cómoda.
La temperatura sigue bajando.
Hoy, por primera vez, llevo ropa térmica, y ya empiezo a pensar seriamente en los guantes.
He empezado a leer un nuevo libro: Los astronautas del Cabo de Hornos.
El anterior fue El ladrón de barcos, y me ha hecho pensar bastante…
(La vida de ladrón de barcos es maravillosa).
Eliges barco de vez en cuando,
no te llenas de grasa,
como eliges bien, todo el mundo te integra,
y además, si tienes un poco de gracia…. ¡no paras de triunfar!
No sé… igual me he equivocado de mando.
(Un poco lo que pasa también en la vida de tierra).
Hace un rato, cuando empezaron a aparecer los hielos, cambiamos el rumbo.
El protocolo y el sentido común dicen que hay que bajar la velocidad, etc.
Pues eso hicimos: variar el rumbo, rizar velas…
pero correr, seguimos corriendo casi igual.
No estoy preocupado; eso lo dejaré para un poco más adelante.
Os dejo un par de datos curiosos:
¿Sabíais que ya en 1820 se conocía que al sur del Mar de Hoces
—mal llamado Pasaje del Drake— había tierra y hielo?
¿Y que Cabo de Hornos se llama así en homenaje al pueblo de Hoorn, en Holanda?
Ahí os dejo esos datos.
Que el continente antártico no se descubriese oficialmente hasta 1820, para mí significa dos cosas:
que gracias a lo que tardaron en llegar sigue tan puro y virgen,
y que, si tardaron tanto, es porque no es nada fácil llegar hasta aquí.
¿No os parece?
Espero que tengáis un gran día.
Por aquí estamos decididos a que así sea.
Mañana tengo muchas ganas de ver las caras de los compañeros que nunca han visto un iceberg.
Es algo maravilloso, ya lo veréis.
Y además podréis verlo en YouTube en directo (haciendo click aquí).
Ahora más que nunca:
Que no te lo cuenten, ven, vívelo… o míralo en YouTube
Os paso la posición, por si queréis marcarla o pasaros a saludar:
- S 49.38,52
- O 33.06,82
Rumbo: 70 (voy a darle 10 grafitos más)
Velocidad: 7,7
Viento aparente: 11 nudos
¡Alegría, marineros! ¡Verticales!
Gracias por estar ahí.
PEDRO

