Ola 10 metros sobre velero ⛵️ Abortamos objetivo – Feedback y Aprendizajes

El 19 de enero, mientras navegaba el velero Alegría Marineros de la expedición Vuelta Vertical en el paralelo 52 sur, una ola excepcional impactó directamente sobre la embarcación. En cuestión de segundos se perdieron las comunicaciones y el equipo se vio obligado a cambiar de planes y poner rumbo a Ciudad del Cabo para evaluar los daños y realizar las reparaciones necesarias.

En este vídeo —y en la transcripción que encontrarás a continuación— la tripulación relata con calma y en primera persona lo que ocurrió: cómo se vivió el impacto desde distintos puntos del barco, qué consecuencias tuvo, qué decisiones se tomaron después y qué aprendizajes deja esta experiencia, tanto a nivel humano como náutico.

Es el testimonio de uno de los momentos más intensos de la expedición hasta ahora.

Capítulos del vídeo

La idea de este directo es contaros todo lo que ha sucedido hasta llegar aquí a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. En nuestro intento de circunnavegar la Antártida, habíamos zarpado de Mar del Plata (Argentina) el día 5 de enero con la intención de darle la vuelta a la Antártida. Eso nos iba a llevar alrededor de entre 90 y 100 días, pero el día 19 de enero tuvimos un percance inesperado porque, a pesar de las olas que estábamos viviendo y del mensaje de tranquilidad que habíamos enviado a toda la comunidad, minutos después nos alcanzó una ola que nos dejó sin conexión.

Por eso hemos estado sin poder contaros nada desde ese día 19 de enero hasta hoy. Tuvimos que abortar misión, cambiar de planes y poner rumbo a Sudáfrica para las reparaciones pertinentes tras esa ola que alcanzó al velero Alegría Marineros en el 52 sur. El paralelo 52 sur es complicado de llegar. Nosotros estábamos a las puertas de posiblemente llegar al círculo polar antártico en el 66 sur, pero nos truncó el plan esa ola. Os vamos a enseñar el vídeo y os vamos a contar un poco cómo fue todo, porque realmente tú lo viviste de una manera, yo lo viví de otra, y el resto de la tripulación cada uno lo vivió desde su perspectiva.

Nos gustaría compartir hoy la de Pedro y la mía, y posiblemente el miércoles hagamos otro directo en el que también podréis escuchar al resto de la tripulación. Nuestra intención es continuar con este proyecto, continuar con la circunnavegación antártica. Hay que ponerse las pilas a tope para reparar lo más imprescindible. La idea es reparar todo lo que se llevó; más que rompió, se llevó añadidos que le habíamos puesto al barco.

Quiero deciros al grupo de YouTube que sois una gran familia. Muchas gracias, gracias porque habéis hecho un trabajo increíble, con sentido común, sin alarmismo. Habéis hecho un trabajo colaborativo. Nosotros llegamos aquí y no sabíamos nada. Pensábamos que erais vosotros los que no sabíais nada y, en realidad, los que no sabíamos nada éramos nosotros. Estábamos preocupados por si habíais visto el impacto de la ola o no, porque si lo ves y de repente se corta la comunicación, es mucho más alarmante.

Para quien no haya estado en ese grupo de comunicaciones internas para ayudarnos en toda la tramitación aquí en Sudáfrica: hay un grupo que nace de Uruguay, comandado por Vicky, y se han ido sumando personas como Gustavo, Gabriel… Entre vosotros habéis hecho un grupo en el que os habéis encargado de informar a los familiares, buscar dónde estaba el barco y sacar conclusiones al ver el barco navegando con rumbo fijo. Sabíais que no era nada grave y que nos dirigíamos hacia Ciudad del Cabo; incluso hicisteis apuestas de cuándo llegábamos. Y nosotros pensábamos que no teníais información. Hablasteis con barcos y buscasteis gente en Sudáfrica para que nos pudiesen atender. Cuando llegamos, estaba prácticamente todo resuelto. Nos habéis ayudado mucho y nos habéis ahorrado muchos días.

De repente nos llega una llamada sin tener noticias de chats ni de nadie. Fue una llamada de un señor hablando en inglés que se llamaba Sirat, hablándonos de una tal Valeria que nos había organizado todo y nosotros no entendíamos nada. Sabían hasta números de serie de aparatos que nosotros ni idea. Era como si hubiera un tripulante escondido en el barco. Eso fue por vuestro buen trabajo. Gracias, gracias, gracias. Es muy bonito y estamos muy orgullosos porque esta Vuelta Vertical se está convirtiendo en un viaje de todos, como una familia.

Ahora empezamos a contaros la historia. Pedro, empieza tú.

Bueno, pues nada. Yo estoy bien. Nosotros estábamos de guardia, Ángel y yo. Yo estaba en mi hora de descanso. Acabábamos de mandar un mensaje de tranquilidad, que es el último vídeo que hemos subido a YouTube, en el que decíamos “por favor, no os alarméis”. Se estaba calentando la cosa en el chat y decidiste hacer un vídeo para tranquilizar, porque quien sabe navegar lo ve de una manera y quien no sabe, se alarma. Era mucho mar, sí, pero venía ordenado. Habías tenido rachas de 60 nudos.

Yo no lo viví directamente porque estaba tumbado en mi camarote leyendo un libro. De repente recibí un golpetazo tremendo. Me fui de lado a lado del camarote. Se entró agua por todos los lados: por en medio del camarote, por babor, por estribor, por todos los lados. Un golpe muy fuerte. Yo me ocupé de volver a poner el libro en la hoja que me tocaba para seguir leyendo. Luego salí y pregunté si la cosa era urgente y me dijeron “medio urgente”, entonces me vestí lo más rápido que pude. Creo que me lo dijo Víctor. Cuando me asomé vi que estábamos arrastrando el bote salvavidas. Me metí dentro a vestirme y luego salí a ayudar en lo que pude.

Hubo un poco de caos. La electrónica aguantó bastante bien. Había unos bidones de diésel en la popa; uno se cayó con el golpe y manchó el suelo de diésel, resbalaba todo. Imagínate ir ahí a reparar con diésel y un bidón de 50 litros dando golpes de un lado a otro. Nos resbalábamos, Víctor hacía lo que podía, tú también, todos hacíamos lo que podíamos.

También el motor fuera borda: el espejo de madera que tiene sobre cubierta lo partió y se quedó colgando. Se rompieron bastantes cositas. La bitácora donde está el plotter se partió de la fuerza de la ola. El barco siguió: el timón no sufrió, el piloto aguantó y seguimos navegando. Luego decidimos que, entre los problemas que traíamos con los pilotos automáticos, quedarnos sin bote salvavidas, quedarnos sin comunicación y haber pensado ya que deberíamos ir a Sudáfrica a reparar, pusimos rumbo a Sudáfrica.

La tripulación se comportó bien. Paula salió inmediatamente a hacerse cargo del barco. Ángel estaba de guardia y se comportó correctamente. Miguel y Víctor colaboraron en todo lo que pudieron. No hubo demasiados nervios. La reacción fue positiva. No dio la sensación de que nos hundíamos. Es más: después del golpe casi nos dio más confianza en el barco, porque se llevó ese golpetazo, se metió y salió y seguía. Vas conociendo los límites de tu barco, y los límites se conocen a base de bofetones. La mar nos dio un guantazo de humildad. Haremos las reparaciones: no son estructurales; son adyacentes. Reforzar pilotos automáticos, pero no el timón, no la quilla, no la estructura. Esta es mi versión. Ahora Paula os cuenta la suya, que ella estaba de guardia.

Nosotros estábamos de guardia, como visteis en el último vídeo, y estábamos sorprendidos con las olas, pero también disfrutándolas. No había miedo ni sensación de inseguridad. Ángel y yo estábamos aquí en cubierta, en bañera, protegida, todo tapado. De repente miramos hacia atrás y vemos una ola que empieza a crecer, empieza a crecer, empieza a crecer… y no veíamos el final. Era mucho más rara que las demás. Normalmente, cuando viene una ola grande el barco remonta y baja. Esta vez la sensación era que no paraba de crecer detrás del barco. No nos dio tiempo a hablar. Yo solo pude gritar a toda la tripulación “¡ola!” para que quien estuviera de pie se agarrara.

Entró una masa de agua tremenda, sin tiempo a reaccionar. Ángel fue el que más agua se llevó y se cogió superfuerte. Yo al principio no sabía que eran dos golpes, pero noté que de repente estábamos como dentro del mar: todo blanco. Pensé “creo que estamos boca arriba, en vertical”, todo en segundos. Y de repente el barco se puso otra vez a navegar. Instintivamente pensé: “el piloto ya no debe estar”, y corrí a la rueda para llevarla, porque si el barco se atraviesa con olas así, empieza a ser muy peligroso. Si te llega por popa, como a nosotros, lo surfea y sigue, pero lo primero fue “corre a popa, lleva el barco en dirección a las olas”.

Al asomarme vi la balsa salvavidas todavía en su carcasa flotando detrás, con la rabiza atada al barco. Se había salido de donde estaba y la llevábamos colgando. Esa rabiza está preparada para que, de un tirón, se abra la balsa. Como navegábamos, el tirón pegó, se empezó a abrir, y la balsa actuó perfectamente: se abrió. Y pensé: “¿qué hacemos?, ¿cómo la recuperamos?”. Llegué al timón y el barco no me hacía caso… y era porque el piloto seguía funcionando. Estábamos con la bomba de Hypro y ese piloto seguía, fuerte. Entonces dije: “me olvido del piloto”. Vi la EPI (el dispositivo de emergencia) y pensé: “por favor, que no haya caído”. Miré y estaba. “Vale, perfecto”. Y pensé cómo salvamos esa balsa, pero con ese mar era difícil. Y vi que también había desaparecido el cuchillo.

Sobre el “caos”: a mí no me resultó caótico; me resultó que hicimos bien lo que hicimos. En el impacto solo estábamos despiertos y vestidos Ángel y yo. Ángel se quedó un poco en shock; yo salí y en cuanto Miguel, Víctor y Pedro estuvieron preparados, salieron. Entre los tres empezamos a ordenarlo: amarrar lo que estaba suelto, seguir rumbo, volver a un lugar seguro. Había un bidón de diésel danzando, difícil de mover, y resbalaba. El fueraborda estaba colgando; Pedro dijo “lo tiramos al mar” y yo dije “no, que es nuestro único sistema de propulsión”, y lo atamos.

Nos dimos cuenta de que las placas se habían roto, que la antena Starlink había volado, que el bimini se desgarró un poco (aguantó bastante bien), que la bitácora/mueble se partió… y se abolló la barbacoa. Perdimos la comunicación y, al tomar la decisión de cambiar rumbo a Sudáfrica, eran unas 1900 millas. Sin comunicación, y sobre todo sin meteo: “¿cómo vamos a hacer?”. Fue muy bonito hacer 1900 millas sin meteo: para mí fue duro, pero bonito. Buscar información en libros, con lo último del parte meteorológico, imaginarnos dónde estaba la baja mirando el barómetro. Habéis hecho un trabajo maravilloso. El rumbo salió estupendo.

Aprendizajes: tenemos una lista. Uno: no voy a volver a tener nunca más un bote salvavidas de 12 plazas en uno. Perdimos el bote y perdimos las 12 plazas. Si llegamos a tener dos botes de seis, quizá hubiese cambiado. En un caso de emergencia, vimos la dificultad: con el barco navegando fuerte, aunque quites velas sigue haciendo nudos. Se rompió la rabiza y no me gustó verla romperse sola. Es un factor importante: si desembarcas en tormenta, puedes perder la balsa. Mejor tener dos botes para tener dos oportunidades.

Otro aprendizaje: la posición de la radiobaliza. La llevaba en popa, demasiado expuesta. Hay que llevarla donde toca, más protegida, para poder accionarla y para que, si el barco se hunde, también salga. Y ojo: si se activase sola, podría organizarse un rescate sin necesitarlo, y además no teníamos posibilidad de cancelar el Mayday.

Otro aprendizaje: con esas olas, estar fuera llevando la rueda. Después de vivirlo, creemos que fue un acierto no estar en la rueda. La violencia era tan grande que podrías romperte un brazo, una costilla, la cara, la cabeza. Si se ha llevado la balsa, ha roto placas y ha volado la antena, imagina si te cae encima. En esas condiciones, estar en bañera central, hiperpendiente y preparado, pero más protegido. Ayuda mucho tener mando en bañera y mando a distancia del piloto, para llevarlo desde un lugar más seguro y “buscar la aleta” de la ola.

Otro aprendizaje: comunicaciones. Tenemos varios teléfonos satelitales, antenas, tarjetas… y aun así falló. Una tarjeta que pensábamos que iba a funcionar no funcionó. Las tarjetas “prepago” que crees que no se caducan, se caducan. Y con la segunda antena de Starlink pasó que pedía autorización/actualización manual y no volvió a funcionar. Todo esto lo vamos a solucionar.

Después se sumaron tripulantes y contamos cómo lo vivieron. Ángel: al ver el vídeo se da cuenta del tiempo que tardó en reaccionar. Estaba sentado aquí, le dio la ola de lleno. La primera impresión fue el frío y el impacto, agarrarse para que la ola no lo llevase. Esperaba una segunda embestida: hubo una segunda que vino por babor, como que nos metíamos directamente en el agua; el horizonte del mar empezó a entrar por aquí. Se quedó en shock, con silencio, respiración jadeante. Fueron dos segundos literales, pero se hicieron largos.

Miguel: era el más aburrido, estaba acostado. Sintió que cosas de la cucheta volaban por arriba. Pensó que nos dábamos vuelta y el barco se adrizó enseguida. Oyó el grito de Paula, pero no entendió qué decía. Salió cuando vio movimiento; ya estaban diciendo que todo bien y el barco navegaba. Dentro no se sintió como un desastre. En popa entró más agua porque al romperse la bitácora entró por ahí.

Contamos también que hemos visto el vídeo desde todas las cámaras y que la ola estuvo creciendo unos seis segundos. Esa ola no pasó por debajo: se paró y subió, subió, subió y rompió justo encima de la bañera, como un “rulo/túnel” de surf. Creemos que fue una ola de estas solitarias. Medir una ola es muy complicado; navegábamos entre olas de 6–8 metros, y por cómo rompió y creció creemos que tenía unos 10 metros. Alguien dijo 20, pero nos parece exagerado.

Hablamos de ir atados: en bañera normalmente no, pero después del golpe sí nos atamos. Por si venían más. Puede que viniesen del mismo tamaño, pero no rompieron en la bañera. Fue muy grande, y sobre todo la rotura que tuvo.

También respondimos sobre por qué no se perdió la señal del AIS/“ICE”: creemos que el AIS se transmite por VHF y cerca de costa lo reciben antenas y se sube a plataformas; lejos, fuera de cobertura terrestre, la recepción puede ser vía satélite y eso suele ser de pago en algunas plataformas.

Compartimos sensaciones: lejos de dar más miedo, a algunos nos dio confianza en el barco: no dejó de navegar, reaccionó increíble. Se rompieron cosas añadidas; las placas, por ejemplo, se destruyeron por la violencia, no por fallos de anclaje. Las volveremos a poner sabiendo que podrían volver a irse.

Hablamos de conocer límites: no solo del barco, también de nosotros. No sabes cómo reaccionas ante un imprevisto hasta que sucede. Y comentamos que, tras cambiar rumbo a Sudáfrica, pasamos temporales con 35 nudos continuos durante días, generando olas de 4–6 metros. Timonear sin mirar atrás, porque ver subir la ola detrás te activa el miedo del olón rompiendo.

Comentamos el tema del piloto automático en la vuelta: para Pedro fue agotador, de subsistencia. Horas de rodillas trabajando, inventando soluciones para que aguantase “una noche más”. Si se hubiera roto del todo, repartir timón a mano hubiera sido durísimo. La tensión le cambió el humor, porque tenía en la cabeza que el piloto aguantara y llegar.

Reconocimos el trabajo de Pedro y de Víctor: taladrar y ajustar piezas con el barco moviéndose, en un espacio mínimo, con riesgo de pillarte un brazo con el sector y los topes, herramientas y brocas partiéndose, haciendo una reparación crítica que no permite zarpar sin ella. Un trabajo de equipo tremendo: coordinar timón, rumbo, y reparación a la vez.

Por último hablamos de “¿cuándo os sentisteis a salvo?”: para algunos fue cuando ya quedaban pocas millas y entraban las encalmadas; para otros, hasta ver la bocana o hasta amarrar. Una vez amarras, apagas motor y está todo el mundo bien, se te tranquiliza la respiración. También agradecimos al equipo de tierra por mantener la calma y ayudar sin alarmismo.

Cerramos diciendo que el miércoles volveríamos con Hora Vertical para contar cómo van las reparaciones y lo que supuso la navegación sin meteo ni comunicaciones, y que gracias por estar ahí.

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