ALEGRÍA MARINEROS !!!
Estamos a 10 de agosto del año de gracia de 2026.
Ya sabéis que los días, los años y las cosas son todas del mismo…
Debo reconocer que en esta zona lo bordo.
Qué luz. Qué paz. Qué inmensidad.
Navegar por aquí es algo difícil de explicar. Os recuerdo que estamos en el mar de Beaufort, navegando por la costa norte de Alaska.
Hemos tenido suerte, pero también hemos tenido temple para esperar el momento adecuado para poder pasar. Navegamos por una estrecha franja de unas cinco millas entre la costa y la banquisa de hielo. Una zona que apenas permanece abierta unos 45 días al año.
El mítico, anhelado y tantas veces deseado Paso del Noroeste, aquel que durante casi 400 años el ser humano intentó primero encontrar y después conquistar.
Pero vamos al tema.
NUESTRO PRIMER ENCUENTRO CON EL HIELO
Ayer… o anteayer.
Aquí ya sabéis que no es fácil dimensionar el tiempo.
Tuvimos nuestro primer encuentro serio con el hielo.
Y fue un encuentro un poco peculiar.
Nosotros, los capitanes, sabíamos que el hielo iba a llegar. Lo sabíamos por la latitud en la que navegábamos, por la temperatura del agua y, sobre todo, por la carta de hielos.
Esta información la compartimos con toda la tripulación.
Y aun así, como no podía ser de otra manera, el hielo apareció precisamente en el momento de la niebla, en esa hora en la que el cuerpo y la tripulación están más adormecidos: el crepúsculo matutino.
Navegábamos a 9 nudos, con cerca de 20 nudos de viento.
La mar estaba llana.
El barco navegaba suave, firme y cómodo, de aleta.
Y de repente…
Entramos en una mancha de hielo aislada.
La primera.
Entramos con elegancia, sin titubear. El barco se fue abriendo paso entre el hielo, reduciendo velocidad a base de golpes contra las placas.
Hasta que nos subimos encima de alguna.
Y nos quedamos parados.
Sin perder el rumbo.
Con las velas perfectamente hinchadas.
Dentro de una mancha de hielo.
Ahí se acabó la elegancia.
Arriamos las velas inmediatamente, arrancamos el motor e intentamos salir del campo de hielo como pudimos.
Pero la concentración de hielo era tal que no pudimos dar la vuelta.
Tuvimos que salir marcha atrás, a motor, empujando el hielo con las pértigas que nos fabricaron en Unalaska nuestros grandes amigos Alberto, de Puerto Rico, y Salvador, de El Salvador.
A partir de ese momento la navegación cambió por completo.
Cada vez aparecía más hielo.
Hasta que llegamos a Barrow, unas 60 millas más al norte.
UTQIAGVIK, BARROW
Barrow, originalmente llamada Utqiaġvik, la población situada más al norte de Alaska.
Allí recibimos a Juan Sisto, nuestro nuevo tripulante, que viene a disfrutar del Paso del Noroeste y a documentar esta gran expedición dentro de la Vuelta Vertical.
Nuestra estancia frente a las costas de Barrow tampoco fue demasiado cómoda.
Pero sí muy entretenida.
De nuevo, el hielo nos dio otra lección sobre cómo se navega en el Ártico.
Los días anteriores, Barrow estaba prácticamente libre de hielo.
Ayer… o antes de ayer… estaba completamente rodeada de hielo.
Y había una corriente de entre 3 y 4 nudos.
Una corriente que, dicho sea de paso, no fue tenida en cuenta por un servidor.
De hecho, nos dimos cuenta de su existencia en el momento de largar el ancla.
Hasta entonces, como nosotros nos desplazábamos con la corriente y con el hielo, apenas la apreciábamos.
Pero cuando estuvimos bien fondeados descubrimos lo que significa tener una corriente de 3 o 4 nudos y que, además, una enorme plataforma de hielo viniera hacia ti.
No os podéis imaginar lo que es que una masa de hielo de considerable tamaño te golpee y empuje con toda la inmensidad de su peso, sumada a su inercia.
Tuvimos que levar el ancla, no sin peligros y nervios.
Largamos más de 100 metros de cadena para intentar dejar pasar las placas de hielo por encima de ella.
Mientras tanto, íbamos moviendo el barco a motor, con la cadena largada, intentando esquivar los hielos y buscar huecos entre ellos.
Y, al mismo tiempo, tratando de recuperar cadena lo más rápido posible.
Hubo momentos de tanta tensión en la cadena y en el molinete que llegué a temer que se rompiera la cadena o que el propio molinete saliese volando, arrancando todo a su paso.
Pero la suerte, la pericia marinera de Paula al timón y mi mano a la hora de recoger y parar cuando era necesario hicieron que saliésemos airosos de la situación.
Sin perder ningún elemento.
Fue un primer día de muchísimo aprendizaje.
Aprendizaje a base de errores.
Y aquí quiero hacer una reflexión.
Podría perfectamente ahorrarme estos comentarios en los que hemos cometido errores.
Podría contar solamente lo bonito.
Podría decir que todo salió perfecto.
Pero creo, y creemos, que en la Vuelta Vertical debemos ser transparentes y naturales.
De ahí viene nuestra filosofía: Mi cagada, tu cagada…
Fue un día —o dos, porque aquí ya no es fácil dimensionar el tiempo— de cagada, prueba, error y solución.
EL HIELO NOS ENCIERRA
El hielo siguió apelmazándose alrededor del barco hasta que quedamos prácticamente encerrados, sin poder movernos apenas.
Necesitábamos ir a tierra para recoger a Juan Sisto y, además, intentar recargar gasoil.
Así que nos dispusimos a estrenar nuestro flamante chinchorro semirrígido de aluminio.
Pero poco después de terminar la maniobra de arriado nos dimos cuenta de algo:
Con aquella lancha no íbamos a poder llegar a tierra.
Pero, como tantas veces ocurre en estas aventuras, cuando parece que las cosas se complican…
Aparece la magia.
La suerte.
Y, para los que creemos en ello, Dios.
Juan Sisto consiguió que un vecino de Barrow viniera a buscarnos.
Fue un auténtico golpe de suerte y de esperanza.
No solamente solucionó la llegada de Juan al barco, sino que además nos solucionó el problema del gasoil.
Y aquí quiero resaltar algo que me ha impresionado mucho de las gentes de esta parte de Estados Unidos: su amabilidad, su predisposición y, sobre todo, su capacidad resolutiva.
Imaginad la operación.
Llevamos siete bidones de 50 litros cada uno hasta la lancha.
El hombre nos llevó casi dos millas, esquivando el hielo, a unos 25 nudos.
Llegamos a una especie de rampa donde estaba esperando su mujer con un todoterreno.
Metió el remolque en el agua.
El hombre colocó la lancha sobre el remolque, la aseguró con un gancho y nos sacó del mar.
Sin bajarnos de la lancha, nos llevó a David y a mí hasta la gasolinera.
Cargamos el gasoil sin sacar los bidones de la lancha.
Y vuelta a empezar.
Lancha al agua.
Navegación de carreras hasta el barco.
Y, una vez junto al barco, arriada de los bidones con el winche eléctrico hasta su lugar de almacenamiento.
Todo esto prácticamente sin mediar palabra.
Bueno…
Sí hubo palabras.
Sobre todo de agradecimiento por nuestra parte.
AHORA, A SEGUIR NAVEGANDO
Ahora navegamos a motovela, solamente con la mayor a tope.
El viento empieza a arreciar, pero la mar sigue cómoda y tranquila.
Mientras os escribo, están Concha y Juan Pablo atentos a la navegación y esquivando hielos constantemente.
Quiero resaltar la curva de aprendizaje que ha tenido toda la tripulación.
Es magnífica.
Prácticamente ya van solos.
Toman buenas decisiones.
Y eso, para nosotros como capitanes, es una de las mayores satisfacciones.
En estos momentos navegamos paralelos a la costa.
Tenemos dos plataformas petrolíferas a nuestro estribor y esperamos que la intensidad del hielo aumente durante las próximas horas.
Os paso nuestra posición por si os apetece daros una vuelta por aquí.
Eso sí…
Avisadme si vais a traer pan, que así yo no tengo que hacerlo mañana.
Posición: 70°37.168’ N — 150°13.502’ W
Rumbo: 107°
Velocidad: 5,5 nudos
Navegación: motovela, 1.900 rpm
Temperatura exterior: 5 °C
Temperatura del agua: 3 °C
ESTADO DE LA TRIPULACIÓN: Muy buen ánimo.
Hoy hemos comido muy rico.
Joseani cocina muy sabroso.
Y eso, navegando por el Ártico, también es una forma de mantener alta la moral.
ESTADO DE LOS CAPITANES: Bueno.
Aunque estamos de resaca.
Intentando recuperarnos de la paliza de hielo de estos últimos días.
Y tenemos las guardias un poco desordenadas.
ESTADO DEL BARCO: Muy bueno.
Se le nota con buen ánimo.
Y, sobre todo, muy orgulloso de estar dando por fin una vuelta al mundo.
P.D.: Hoy tuvimos nuestra Hora Vertical para los seguidores de YouTube.
Fue muy agradable y muy amena.
Casi se podría hacer como un programa de radio.
Quizás deberíamos planteárnoslo…
¿Conocéis alguna emisora?
De hecho, todos los lunes salimos en Onda Cero.
Cómo es la vida, ¿verdad?
Aquí estamos.
Ya estamos navegando por las puertas del Paso del Noroeste.
Y tengo que reconocerlo: Estoy muy contento y muy orgulloso de que estemos consiguiendo esto todos juntos.
Gracias.
Alegría Marineros !!!


2 respuestas
Wow, min 16:33 en vuestro reloj.. qué coño acabo de ver. Me ha pillado escuchando a Max Richter Sarajevo. Decidle a Juan que visualice esos minutos de patinaje ruso de la mano de una dama blanca y con esa música de fondo. Juan filmando el momento preciso acostado en cubierta mientras un loco al timón baila con los hielos. La locura del capitán es la protagonista en todo esto, Juan!
Qué hermoso relato de lo que están viviendo Pedro!!! Que alegría poder seguirlos así en esta aventura!
Gracias por contarnos las cagadas! Alejandra de Buenos Aires!